Viajar al Kilimanjaro en Tanzania

En nuestro viaje al Kilimanjaro, guía de Tanzania en mano, en el cuaderno de campo vamos anotando una tras otra las diferentes especies de animales que hemos visto a lo largo del día. El Kilimanjaro se tiñe de naranja en su parte más alta, donde las nieves están presentes todo el año, mientras la falda del techo de África y la sabana arbustiva en la que se asienta el campamento de Kibo, se va llenando de oscuridad.

A la luz del ténue quinqué, la lista de fauna va animándose y la hoja de mi libreta de notas se acerca sin mucho esfuerzo al medio centenar de especies diferentes. Al repasar el día que ahora acaba las emociones se agolpan en la mente. Inmersos en un ambiente fenomenalmente descrito en novelas como «La Sombra del Kilimanjaro» de Rick Ridgeway o la célebre «Memorias de África» de Isak Dinesen, comentamos emocionados la visita de los enormes elefantes que a mediodía decidieron internarse en el campamento hasta la misma puerta de la tienda en la que ahora estamos sentados.

Cinco enormes machos, atraídos por el olor del agua de las tiendas en una época en la que ésta escasea fuera de donde nos encontramos, se han paseado por el campamento, su campamento -pues nos hallamos en Kambi ya Tembo, en swahili Campamento del Elefante-, para beberse hasta la última gota del agua sobrante en los depósitos de las duchas e incluso el agua que sirve cada mañana para asearse en el lavabo de campaña de cada tienda.

Excursiones en el Kilimanjaro

Kambi ya Tembo es el campamento que la empresa Kibo ha instalado en territorio masai. Sinya es el nombre del poblado más próximo y aquí, a escasos kilómetros de la frontera con Kenia, vemos cumplido nuestro sueño de ver caer la tarde sobre la mítica montaña del Kilimanjaro. Kibo es también el nombre del cráter superior del Kili, a 5.895 metros de altitud, y es el último punto en el que cada día se ve reflejado el sol tras ser engullido por el horizonte de acacias.

Cebras en Kilimanjaro

La cena aguarda en la tienda comedor. Como sucede en los mejores restaurantes del mundo, el responsable siempre es el chef. En Kambi ya Tembo, Sylvester, el cocinero, es también el jefe del campamento. Y como en los mejores restaurantes del mundo, las manos de Sylvester, elaboran unos platos típicos deliciosos que nada tienen que envidiar a las exquisiteces occidentales. El marco de la tienda y el buen hacer de Selemani Ally, que nos sirve atento la cena, multiplican además los cinco sentidos frente a la crema de cebolla y el sabroso pescado en salsa de limón.

El frescor de la noche se deja sentir más con el estómago lleno y es hora de charlar y tomar una copita junto a la hoguera. Bajo una cúpula celeste indescriptible y el relajante sonido del fuego, disfrutamos de una larga sobremesa en compañía de Idrissah Mshana, el guía de Kibo que nos acompaña durante todo el safari, Kipululi Napiteeng, el jefe masai del campamento y antaño importante jefe en esta porción de la tierra masai, y William Sabulu, un joven guerrero masai. Nada interrumpe las conversaciones a varias bandas en las que afloran el español, el inglés, el swahili y el masai, salvo un gruñido seguido con rapidez de un estrepitoso quejido que rasga el silencio de la noche.

– Kipululi interumpe bruscamente la conversación y exclama sin dudar: ¡Simba!.
Kipululi, veterano donde los halla, ordena a Wiliam y a otro masai -encargados de la seguridad día y noche en el campamento- acercarse a inspeccionar lo que más tarde se confirmaría camo el ataque de un león a una cebra. Esto es África.

La noche en el interior de la tienda se antojaba emocionante. Cuesta cerrar el ojo a sabiendas que la fauna salvaje deambula abundante y libre al otro lado de la lona. Más que temor, pues las tiendas son seguras, es una sensación de novedad. De no querer perderse detalle de cuanto se ve, o mejor dicho se oye, en la noche africana.

Durante el día, en la falda noroeste del Kilimajaro, donde se encuentra Sinya, los sonidos dejan paso a la vista. La luz es diferente en el África ecuatorial, ésta se muestra especialmente limpia e intensa para las cámaras durante el safari y para obtener las mejores fotografías es preciso emplear las primeras y últimas horas del día. A las nueve y media de la mañana, la luz ya tiñe de azul la silueta del Kilimanjaro y ni la gigantesca montaña se percibe con claridad en el visor de la cámara. Desde esa hora y hasta las cinco de la tarde, cuando empieza a caer el día en la estación seca, es el mejor momento para los primeros planos.

Desde los todo terrenos descapotables de Kibo o mejor aún, mediante un safari a pie, el disparador de la cámara fotográfica no cesa de sonar. Amparados en la seguridad del 4×4, podemos acercarnos hasta límites insospechados a jirafas, cebras, gacelas de Gran, gacelas de Thomson, dik- diks, el autóctono gerenuku, hienas, avestruces, babuinos, ímpalas, ñues, monos azules, antílopes de agua… y por supuesto al emblema de Sinya: el elefante.

El elefante se ha convertido en animal representativo de este poblado masai por razones de peso, nada más y nada menos que siete mil kilogramos tienen la culpa de que los giantescos paquidermos de Sinya estén catalogados como los más grandes de África.

Aunque durante la visita del grupo de elefantes al campamento no podimos acercarnos bajo ningún concepto al mayor de los mamíferos terrestres, pues son animales realmente agresivos, el tamaño aún en la distancia es imponente. Los masais, como pronto ellos mismos nos hacen saber, sienten auténtico pavor frente a elefantes, búfalos e hipopótamos y no así frente a los felinos. Los felinos sólo atacan cuando tienen hambre mientras que los tres anteriormente mencionados no dudan en atacar para matar cuando se les molesta. Tan contundente como claro.

Muy diferente es acercarse a los elefantes en todo terreno. Abundantes, los elefantes se localizan rápido entre las acacias dando buena cuenta de las ramas y si es preciso del árbol entero, o caminando en las zonas aclaradas en busca de agua. Localizado un grupo de elefantes, podemos acercarnos en coche hasta el punto en el que es preciso cambiar el teleobjetivo por el gran angular.

Sinya ofrece una naturaleza majestuosa con la presencia de multitud de especies animales y vegetales, el componente antropológico de las bomas masais, y la libertad, prohibida en los parques nacionales, de poder transitar en vehículos descapotables y no tener la obligación de seguir un camino marcado. El verdadero lujo africano.

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Crédito imágenes: EC

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